Para leer a Carlos Castaneda por Guillermo Marin Ruiz

December 12, 2018

Para leer a Carlos Castaneda por Guillermo Marin Ruiz

Titulo del libro: Para leer a Carlos Castaneda

Autor: Guillermo Marin Ruiz

Número de páginas: 177 páginas

Fecha de lanzamiento: February 13, 2017

Descargar Leer on-line

Guillermo Marin Ruiz con Para leer a Carlos Castaneda

Para leer a Carlos Castaneda por Guillermo Marin Ruiz fue vendido por EUR 6,61 cada copia. Contiene 177 el número de páginas.. Regístrese ahora para tener acceso a miles de libros disponibles para su descarga gratuita. El registro fue libre.

¿Cómo podríamos entender el patrimonio cultural greco-latino sin el estudio del conocimiento legado por sus filósofos y pensadores? Sin esa base fundamental, todos los vestigios de su pasado no tendrían una clara explicación. De la misma manera, sin el conocimiento de la filosofía anahuaca es más que difícil entender los procesos culturales del México antiguo.

Quinientos años han transcurrido sin que las culturas dominantes hayan podido o querido reconocer, mucho menos entender, la filosofía del Anáhuac. En el siglo XVI los preclaros teólogos occidentales debatían acerca de si los indios tenían o no tenían espíritu. Hoy, varios siglos después, hay quienes piensan que no existió una filosofía del Cem Anáhuac, simplemente porque no existen bases "científicas" para comprobarlo. El Dr. Rubén Bonifaz Nuño, en su libro “Imagen de Tláloc”, cuestiona la actitud de minusvalía que han mantenido los investigadores sobre las culturas del México antiguo.

“ ... Tal vez así llegue a admitirse que aquellos hombres no eran los "primitivos adoradores de la lluvia, preocupados por la abundancia o la pérdida de sus cosechas, por la posible fertilidad de la tierra, sino que tenían un conocimiento metafísico de lo existente.
Un concepto del mundo que hiciera explicables sus cualidades de grandes matemáticos, astrónomos, ingenieros, arquitectos, escultores que, paradójicamente, le son reconocidas de manera universal. Porque todos están de acuerdo en afirmarlo: los antiguos habitantes de Mesoamérica eran insignes ingenieros y arquitectos; allí están, demostrándolo, las difícilmente igualables obras de los templos y las plazas edificadas, como por milagro, entre selvas o sobre cumbres vueltas en llanuras, en pantanos convertidos en tierra firme; allí la asombrosa utilización de los espacios y las masas, como en una música cósmica en que se alternan sin defecto los bloques de sonido con las armoniosas aberturas del silencio.
Eran, asimismo, incomparables matemáticos; así lo prueban sus cálculos, capaces de comprender la noción del cero, la mensurabilidad del movimiento, según las posiciones del antes y del después.
Eran, también se admite como indiscutible, poderosos astrónomos; la marcha de los cuerpos celestes, las leyes que determinan los avances y los retrocesos de los planetas, el cíclico progreso de las estrellas, las muertes y las resurrecciones de la luna, les eran del todo conocidos por la razón y por la experiencia; de modo que sus medidas del tiempo les daban la facultad de calcular, dentro de un calendario exacto y minucioso, fechas situadas en espacios ya ilimitados.
Nadie les niega la potestad de crear, en obras que más tarde se han considerado de arte, imágenes simbólicas o realistas de calidades supremas; el barro, la madera, el metal la piedra, los colores manejados por ellos, han llegado hasta nosotros en multitud de objetos cuyos valores plásticos transmiten con caba1 eficacia el testimonio de su voluntad de ser; eran pues, así se reconoce universalmente, magnos artífices, dominadores de técnicas que a la fecha no pueden aún explicarse cabalmente.
Se supone lícitamente que contaron con una sabia organización social bien jerarquizado, sustentada en sólidos principios morales, de acuerdo con los cuales la vida en común se desenvolvía ordenada y segura.
Se sabe que hablaban lenguas copiosas con que se podían expresar conceptos de máxima abstracción; lenguas suficientes a contener, directa y metafóricamente, las finuras y la solidez del lenguaje de la ciencia, de la filosofía, de las manifestaciones poéticas.
Todo eso y más, que no sería fácil de enumerar aquí se admite por todos como cosa evidente y probable.